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Título : Bases históricas de la conciencia teórica sobre el edificio y su expresión en "Los diez libros de arquitectura" de Vitruvio
Autor : Ludeña Urquizo, Wiley Hermilio
Palabras clave : Teoría arquitectónica;Diseño arquitectónico
Fecha de publicación : 1990
Editorial : Universidad Nacional de Ingeniería
Resumen : Hasta antes de la revolución Ilustrada del siglo XVIII, aquello que occidente convino en denominar como el campo de la arquitectura, se constituía de un solo saber» Un saber que aglutinaba en sí al mismo tiempo a los conocimientos sobre el diseño y sus requerimientos, sobre los métodos y las técnicas constructivas, sobre los valores de la edificación, así como sobre los aspectos filosófico-conceptuales de la práctica edificatoria. Todos estos conocimientos formaban parte de un solo cuerpo cognoscitivo, de un solo saber. Por diversas razones, este único cuerpo cognoscitivo, este único saber, terminará fragmentándose e escindiéndose en diversas facetas, sobre todo a partir de las múltiples divisiones de orden disciplinar '¿peradas al interior de la cultura de la Ilustración. El siglo XVIII, al coronar un proceso que venía gestándose desde el siglo XVI, es el momento en el que el tratamiento de los temas de la conceptuación y del diserto, se separan definitivamente de aquellos temas referidos al tratamiento de la problemática constructiva. En la base de este fenómeno se encuentran, evidentemente, la serie de exigencias surgidas en virtud de una nueva división técnica al interior de la producción edilicia, cada vez más compleja y diversificada. A partir de entonces y conjuntamente con esta división de roles surgida entre las actividades del diseño y la construcción, el espacio de 1a teoría se autonomiza también respecto al de la práctica, así como también el tema de la edificación de puentes, fortificaciones militares o irrigaciones, que antes formaban parte del campo de la arquitectura y competencia del arquitecto, terminan por separarse de aquella serie edificatoria vinculada al tema de los edificios públicos o la edificación residencial en sus distintas versiones. El siglo XVIII es, pues, el siglo de las" grandes definiciones de competencia disciplinar entre-el Arte, la Técnica y las Ciencias. Es el momento de las divisiones territoriales en términos del campo del arte, de aquello que le compete al mundo de la técnica y al mundo de las ciencias. Es el momento en el que también las burguesías emergentes deciden asirse, sin perjuicios, de los medios de la ciencia y la tecnología como los soportes del desarrollo social. Mientras que el arte quedará, como apunta correctamente Roger Taylor, en manos de aquella aristocracia venida a menos que decidió en competencia con la vulgaridad burguesa y las perversiones de su ciencia y tecnología-- asirse de aquello que supuestamente deviene hecho más trascendente: el arte. En virtud de las múltiples divisiones y definiciones de competencia operadas en el campo de la actividad edilicia, el siglo XVIII es el siglo a partir del cual aquellos sujetos que estaban esencialmente dedicados al campo de la conceptuación, a las tareas del diseño o la edificación de obras públicas y residenciales, deciden apropiarse para sí el término arquitecto y el de arquitectura., (que hasta entonces se? utilizaban para designar un campo más vasto de actividades) para refundarla como un dominio específico. Mientras que los recientemente designados "ingenieros” terminarán dedicándose prioritariamente al campo de la construcción y la edificación de todas aquellas obras como son los puentes, instalaciones militares, irrigaciones u otras obras de eminente Carácter práctico utilitario. El siglo XVIII es, pues, como dice Alberto Pérez León, el siglo de la separación entre la "Arquitectura" y la "Ingeniería". Aun cuando habría que precisar, como hemos dicho- que no es que la "Arquitectura" sea la que se separe de la "Ingeniería" o viceversa; sino que un grupo de actividades es la que decide hacer suyo la designación "Arquitectura" mientras que el otro grupo, en un sentido, decide fundar disciplinarmente la "Ingeniería". Lo concreto es que esta división entre el campo de la "arquitectura" y el campo de la "ingeniería" no solo implicará una diferenciación de roles y funciones, sino también, como consecuencia de ello, un desarrollo diferenciado en cuanto a los múltiples intereses cognoscitivos pertenecientes a ambas ramas. Todo esto pese a que tanto la "arquitectura" y la "construcción", así como el "arquitecto" y el "ingeniero" seguirán operando en torno a un solo objeto fináis la edificación o el edificio. Los primeros, es decir los arquitectos, empezarán a preocuparse más de los problemas del diseño, de la concepción espacio-funcional, de los problemas de la forma y de la significación de los edificios, así como del problema estético de los edificios. Todo esto en el marco de la nueva ubicación asignada a la "Arquitectura": el campo del "arte". Este es el campo elegido por parte de los "arquitectos" tras la gran división entre el dominio de las artes, las técnicas y el dominio de las ciencias. La tradición forjada por los conocimientos vinculados a este campo y las preocupaciones "arquitectónicas" constituyen algo que se ha venido en denominar la tradición de las "teorías de la arquitectura". A diferencia de ‘los arquitectos, los ingenieros (o los "arquitectos-constructores") tendrán corno tema central de sus preocupaciones el tema de la construcción, de sus métodos» y técnicas y por consiguiente, el tema de los materiales, el problema de la estabilidad estructural de los edificios, así como el tema de las instalaciones mecánicas de diverso tipo (sanitarias, eléctricas, de acondicionamiento ambiental, etc.). Los desarrollos de los conocimientos en este campo han terminado por constituir aquella tradición denominada como la tradición de las "ciencias de la construcción". Estas dos tradiciones: la tradición de las "teorías de la arquitectura" y la tradición de las " ciencias de la construcción^', constituyen, pues, las dos entradas principales con las queden los doscientos últimos años, occidente ha venido construyendo su representación intelectual del edificio. En unos casos como representaciones acabadas desde la perspectiva de cada una de estas tradiciones y, en otros, corno representaciones parciales del edificio en consonancia con las preocupaciones específicas de cada tradición. En todo caso estas» dos tradiciones se constituyen como dos opciones intelectuales, dos entradas cognoscitivas frente a un solo objeto de estudios el edificio. En los hechos, -los arquitectos y los ingenieros al preocuparse de aspectos parciales die la existencia material y social del edificio, no reflejaron de manera unitaria toda la existencia compleja del edificio en cuanto hecho unitario. Toda uno. de ellos "inventó" su propio edificio, su propio objeto de estudio a escala de sus preocupaciones particulares. A partir de entonces ese edificio que había convocado desde tiempos de Vitruvio un solo saber, no sólo terminó escindiéndose en una serie de dimensiones, sino que también su saber terminó corriendo la misma suerte al fragmentarse en dos tradiciones diferenciadas temática y epistemológicamente. Esta es una situación que también se reproduce, en algunos casos con distorsiones. más acentuadas, en el ámbito de la reflexión edilicia peruana. Porque desde Lecciones de Arquitectura (1876) de Teodoro El more hasta Cuatro Ensayos de Arquitectura (1985) de Arturo Palacios, pasando por el tratado de Héctor Velarde Nociones y Elementos de Arquitectura" y Espacio en el Tiempo. La arquitectura como fenómeno cultural de Luis Miró Quesada, la reflexión sobre el edificio se ha debatido y continúa desarrollándose en medio de una serie de ambigüedades de orden temático y epistemológico. En todo caso la situación reproduce los mismos impasses y distorsiones que encarna un saber alejado, de aquellos fundamentos que posibilitan una lectura objetiva y racional del edificio. Hace algunos años el Prof. Philip Steadman ha planteado la necesidad de formular una "ciencia de la arquitectura" como una alternativa de superación a esta dicotomía generada por la escisión del edificio en varios "objetos de estudio" y, por consiguiente, en esas dos tradiciones que hemos mencionado. Nosotros suscribimos en parte el planteamiento del Prof. Steadman. Porque es evidente que esta escisión del edificio y su saber en opciones a veces antagonizadas en extremo, ha generado no sólo la ruptura de un objeto que en la realidad aparece siempre como una totalidad unitaria y homogénea, sino también porque el desarrollo diferenciado del saber de los arquitectos y de los ingenieros respecto al edificio (o a alguna de sus dimensiones)1* ha implicado a su vez un desarrollo desigual y distorsionado en términos epistemológicos. Es decir, globalmente, un conocimiento deformado del edificio, que lo aleja del desarrollo alcanzado, hasta hoy, por ejemplo, respecto al conocimiento sobre el cuerpo humano por parte de la anatomía, respecto a los productos artísticos por parte de la teoría del arte o respecto a las lenguas por parte de la lingüística. En términos epistemológicos la situación deformada del saber edificio resulta más que evidente. Porque mientras que los arquitectos y la tradición de las "teorías de la arquitectura" asentaron todo su discurso en los fundamentos de una filosofía especulativa y, a veces, en el subjetivismo intelectual más acentuado, al margen de la existencia de esfuerzos como los desplegados por la Einfuhlung, la puravisualidad o la semiología por construir una "ciencia de la forma" o una "teoría de los signos en arquitectura", respectivamente; los ingenieros y la tradición de las "ciencias de la construcción" desarrollaron un saber del edificio y de su dimensión tectónico-constructiva, más ajustado a los presupuestos de un saber racional y objetivo, liberado de los prejuicios estilísticos, culturales o .ideológicos. Mientras que los arquitectos recurrían a la poesía o al ensayo arbitrario convertidos en saber del edificio, los ingenieros o "constructores" recurrieron a la ciencia y sus bases epistemológicas para forjar un propio saber del edificio más racional y objetivo. Nuestra diferencia con el planteamiento del Prof. Steadman reside en que este planteamiento continúa operando esencialmente con la categoría arquitectura, tal como él la fue concebida tras la escisión Ilustrada del siglo XVIII; es decir, como una categoría social y culturalmente excluyente, como una categoría de alienación de la realidad. Y aquí el problema tiene que ver con la naturaleza del dominio adscrito a la arquitectura en tanto objeto real de estudio. La arquitectura es un sustantivo abstracto que sirve al mismo tiempo para designar a una serie de factores de diversa naturaleza ontológica que constituyen el universo de lo edificado. No existe nada concreto o hecho singular que se denomine arquitectura. Se dice también la arquitectura es el "arte de crear" designando al proceso creativo como la arquitectura. Se dice que la arquitectura es una "ciencia", esta vez designando al campo del saber también como la arquitectura. Pero también se designa como arquitectura a un tipo especial de edificios a tal punto que en muchos casos se concibe la arquitectura corno sinónimo de edificación. Pero lo que tenemos que reconocer es que, de una u otra forma a partir del siglo XVIII, la idea de arquitectura, sin dejar su lado de significación ambigua y totalizante, se ha asociado más a la idea de edificio. Pero no de cualquier tipo de edificios sólo de aquellos que poseen determinados atributos y que, por lo general, están concebidos por arquitectos. Esta es la acepción restrictiva y excluyente de la categoría arquitectura con la que, paradójicamente, opera el Prof. Steadman. El problema no sólo estriba en el hecho de que la "ciencia de la arquitectura" propuesta carece de un objeto de estudio precisos en algunos casos esta ciencia parece aludir al estudio de toda 3.a problemática inherente al universo de lo edificado (el mundo de las ideas, de los procesos y de los objetos edilicios, etc.) y, en otro caso, parecería ser que esta ciencia de la arquitectura se ocupara tan sólo del estudio específico de los edificios. Pero no sólo esos esta "ciencia de la arquitectura" propuesta por el Prof. Steadman al referirse a los edificios lo hace. tan solo en referencia inconscientemente al ámbito de aquella edificación que posee los atributos especiales para ser, como diríamos hoy elusivamente, "arquitectura". No se puede, pues, formular una "ciencia de la arquitectura sobre un dominio ambiguo de referencias. Pero tampoco excluyendo del universo de lo edificado realidades que ontológicamente pertenecen a este dominio. En otras palabras: no se puede pretender superar una división entre las tradiciones de las "teorías de la arquitectura" y las "ciencias de la construcción" asumiendo como premisa de base la legitimidad de la división engañosa entre aquello que N. Pevsner y occidente, denominan como las obras de "arquitectura" y las obras de "construcción". Paradoja curiosa En una anterior propuesta (Arquitectura: Aproximaciones a una teoría general, Ludeña: 1986), asumirnos a plenitud el carácter de sustantivo abstracto que tiene la categoría arquitectura en virtud del cual su dominio designado es toda la problemática espiritual, material y social que constituye el universo de lo edificado. De ahí que se planteó la necesidad de formular una teoría de la arquitectura como reflejo de esta totalidad. Esta teoría general, para ser tal, debía constituirse de "teorías regionales" sobre cada uno de los aspectos que constituían este dominio de lo edificado. En un sentido esta "teoría general de la arquitectura" puede ser asumida como una "ciencia de la arquitectura", una ciencia de la totalidad antes que de la singularidad de los hechos. En este marco se propuso que una de las teorías regionales más importantes es aquella referida al reflejo intelectivo de los edificios. Esta es una "teoría del edificio", es una teoría sobre el que son los edificios y no sobre como deberían ser los edificios, campo que le compete a las precépticas o a las ideologías del diseño. Esta teoría del edificio es en esencia la base de una "ciencia del edificio" que no es, pues, equivalente a una "ciencia de la arquitectura": ambas poseen dominios distintos pero enmarcados en el ámbito de una misma realidad. Por otro lado, coherente con la acepción por la cual no se puede excluir ningún objeto edificio del dominio de la arquitectura, pensamos que una ciencia del edificio no, podría ser tal, si es que recurriera para sostenerse en aquella división ideológica por la cual se sostiene la existencia de dos tipos de edificios como si se tratase de realidades antitéticas o totalmente ajenas: el edificio de la "arquitectura" y el edificio concebido como simple "construcción". Se sabe que en los- hechos ambos tipos de edificios son, en esencia, un edificio. Aquí, en este sentido, se asume el término y la categoría edificio como un sustantivo que designa de modo genérico a todo el universo de lo edificado por el hombre, sin exclusiones de ningún tipo en razón del destino funcional, la envergadura física, los atributos de belleza o si los edificios fueron concebidos por "arquitectos", "ingenieros" o por los usuarios. Por ello asumimos esta designación como un hecho que alude a todos los objetos que constituyen el patrimonio edificio de una sociedad concreta. No puede, pues, formularse una "ciencia del edificio" excluyendo realidades. Porque este hecho significaría algo así como pretender que la Biología o la Anatomía como ciencia sólo deberían dedicarse a estudiar a los seres humanos inteligentes, de buen aspecto y de buena salud. Todos sabemos que un ser humano por ser lisiado o tener un cuadro de retardo mental no deja, pues, de ser ser-humano. Sucede lo mismo con los edificios. No puede hablarse de una ciencia de los edificios tan solo estudiando a aquellos que poseen ciertos atributos de perfección, armonía, estabilidad o, funcionabilidad y otros valores. Una ciencia de los edificios es tal porque debe constituirse como el reflejo de toda la realidad constituida por el mundo de los edificios. La presente tesis no tiene, en rigor, como objetivo formular esta "ciencia del edificio". Para ello, evidentemente, se requieren de la formulación de una serie • de premisas y planteamientos de base. Pero también se requiere de la imprescindible revisión de todo lo pensado hasta hoy respecto al edificio. Esto porque la historia no sólo no empieza con uno, sino porque'1' es importante indagar cómo es que se conocía y se conoce hoy al edificio a efectos de evitar reiteraciones inútiles, recrear aquellos aspectos positivos y, evidentemente, desechar los negativos. Ahora bien, posiblemente, esta última demanda pueda parecer una reiteración inútil. Claro ¿Qué han hecho las "Historias de la Arquitectura", o los ensayos como los de Sigfried Giedion, Alois Riegl, Nicolaus Pevsner, John Summerson, Rudolf Wittkover, Julios Scholsser, Manfredo Tafuri, Spiro Kostoff, Erwin Panofswki, Renato de Fusco, Emil Kauf fman, Alberto Pérez León, entre otros, sino, precisamente, dar cuenta, entre otras cosas, de las concepciones desarrolladas por el hombre respecto al edificio, en los distintos periodos de la historia? No podemos negar este hecho irrefutable. El problema es que ese "entre otras cosas" además de conocer el edificio, deviene el factor que valida el sentido de nuestra observancia. Y es que estas historias, en gran parte debido a su interés por estudiar a; la arquitectura en su notación ambigua, no estuvieron dirigidas específicamente a estudiar el sentido del saber humano desarrollado en torno a los edificios. Aquí la arquitectura se constituye como una serie- tras otras de mantos que van cubriendo (o velando) la existencia objetiva del edificio como una realidad especifica respecto al universo mismo que alude la arquitectura. Pero la razón central de nuestra observancia a las limitaciones de estas "Historias de la Arquitectura" reside en el hecho de que éstas se dirigieron más a indagar las concepciones sobre el cómo deberían ser los edificios, antes que sobre las concepciones formuladas por el hombre en relación al qué son los edificios. Y esta omisión no es necesariamente censurable. El problema es que el campo de las precépticas proyectuales, de las concepciones sobre el diseño, corresponden estrictamente a otro dominio, que, si bien son parte de la problemática del edificio, no son estrictamente el edificio en si mismo en cuanto su concepción. El otro factor de observancia se remite al sentido excluyente del dominio estudiado. Se sabe que gran parte de esas "Historias de la Arquitectura" se han dirigido, con contadas excepciones, a evaluar el ámbito de los edificios asumidos en términos apriorísticos como la "arquitectura"(sintomáticamente los pertenecientes a la serie edificatoria del poder económico y social), excluyendo de este modo a aquella serie edificatoria rotulada por lo general como simple "construcción”. No se puede, pues, indagar el cómo conocían los hombres un edificio, prescindiendo de la opinión respecto a esta última serie edificatoria, así como soslayando la opinión del conjunto de la sociedad respecto a qué son los edificios. La formulación de una nueva teoría del edificio, requiere, pues, de una nueva historificación del proceso de desarrollo de la conciencia humana sobre el edificio. Requiere de una nueva revisión de la historia, pero esta vez abocada estrictamente a dar cuenta de todos aquellos testimonios que nos remitan específicamente a evaluar las concepciones forjadas por el hombre en torno al edificio. Esta es una demanda de primer orden. El objetivo principal de la presente Tesis se dirige precisamente en este camino. Por cierto, en razón del arco histórico tratado y por los alcances asumidos, es una Tesis que no pretende dar cuenta final de toda la historia registrada en este sentido. Intenta apenas sentar las coordenadas conceptuales de una historia del desarrollo de la conciencia humana sobre lo edificado que tiene que ser escrita nuevamente (o probablemente reescrita) desde el principio. Específicamente, el "objeto de estudio" de la presente Tesis es el sentido que comporta el desarrollo de la “conciencia corriente" y de la "conciencia teórica" como formas particulares de reflejo intelectivo gestadas por el hombre en su afán de conocer el edificio. El momento histórico que abarca el presente estudio comprende al período que se inicia con las primeras formas de conciencia ("conciencia corriente") sobre el edificio desarrolladas por el hombre primitivo para continuar con el estudio riel surgimiento de las formas iniciales de una "conciencia teórica" sobre el edificio, y concluir con el análisis específico de la idea de edificio presente en este hito • excepcional de este tipo de conciencias Los Diez Libros de Arquitectura, de Vitruvio a la sazón la "biblia" de la arquitectura occidental. La presente Tesis consta de tres partes. La Primera Parte ("El objeto edificio") tiene por finalidad establecer las coordenadas necesarias desde el punto de vista conceptual, respecto a las principales categorías convocadas en el estudio. ¿Por qué es que optamos por la categoría* "edificio" frente a categorías más conocidas como las de "arquitectura" y "construcción"? ¿Qué entendemos por "edificio arquitectónico"? ¿Qué sentido tiene hablar de "objeto edificio”? Estas son las preguntas centrales que son resueltas en esta primera parte, con el objeto de establecer las necesarias precisiones conceptuales. La Segunda Parte ("Historia y Conciencia del Edificio") está dedicada exclusivamente a establecer el sentido de una historia de', la conciencia humana sobre lo edificado desde las primeras formas de conciencia primitiva, hasta la gestación misma de la conciencia teórica en el marco de la cultura greco latina. Mientras que la Tercera Parte ("Edificio y Sistema Conceptual Vitruviano") está dedicado exclusivamente a evaluar la idea de edificio reflejada por Vitruvio en Los Diez Libros de Arquitectura. Aquí se procede a "extraer" entre una variedad de temas abordados por Vitruvio, todo aquello que sólo alude a sus planteamientos sobre lo que se debe entender de qué es un edificio, por qué existe, cuáles son sus atributos y cómo debe ser valorado. Tenemos la convicción que al iniciar la reconstrucción de esta historia específica no sólo pudimos encontrarnos con el origen mismo de nuestras limitaciones y posibilidades contemporáneas en términos de la forja de un saber sobre lo edificado, sino también ha podido advertir la legitimidad de formular una verdadera "ciencia de la arquitectura" basada en una "Teoría del edificio" como superación de la vieja edición ilustrada entre las llamadas "ciencias de la construcción" y las "teorías de la arquitectura". En otras palabras: se ha intentado ratificar la necesidad y factibilidad de sistematizar una auténtica teoría científica del edificio, que no debe ser confundida con una teoría de cómo vivenciar un edificio o con una recepticia de cómo proyectarlos.
URI : http://cybertesis.uni.edu.pe/handle/uni/4838
Derechos: info:eu-repo/semantics/openAccess
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